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martes, 14 de junio de 2016

Los 200 Encuentros


1ER. ENCUENTRO.



El astro rey refulgía en mitad del cielo con la furia de millares de fuego. La tierra emanaba calor como los hornos de los panes en la casa del panadero. Todo en rededor se antojaba caliente y seco. 


La sed abrazaba la garganta del niño que caminaba al lado de las bestias de carga. Sus pequeños pies eran testigos de miles de caminatas en iguales o peores condiciones. Nunca se quejaba. Había nacido para realizar estos trabajos, aunque tenía la suerte de que el hombre grande y fuerte con quien vivía lo protegía de los latigazos de los capataces. El no se quejaba, igual no conocía otra vida, al menos para él. Ese día irían hasta el valle al otro lado del gran río, nunca había estado allí y la emoción de conocer ese lugar era su aliciente ante las rudas condiciones del desierto.


Entregarían los granos en la casa del señor de todos ellos. Nunca lo había visto, pero escuchaba decir que era hijo del Sol y que por eso debía ser adorado y respetado. El pequeño estaba feliz de que su amo fuera tan importante. Trabajaba todos los días con ahínco y buena voluntad para que el Faraón fuera feliz y su padre el Sol también lo fuera.


Cuando hubieron llegado hasta el pórtico de la enorme residencia del Faraón, fueron recibidos por dos guardias fuertemente armados que inspeccionaron las carretas minuciosamente. Luego que les dieron el pase, entraron a un patio enorme repleto de columnas y paredes con hermosos murales. El pequeñín no entendía que había escrito en los hermosos dibujos, pero por las figuras de las personas y animales el lograba entender la historia que contaban.


Se detuvieron a la entrada de una enorme habitación donde el hombre y otros que estaban en la casa empezaron a descargar todos los alimentos, pero debido al peso no lo dejaron participar.


Con el permiso del encargado de Palacio, el pequeñín se puso a pasear por los patios de la gran casa. Estaba extasiado con todo lo que veía, desde las verdes y altas palmeras, hasta las estatuas de gatos y halcones que bordeaban las calzadas. En uno de los patios había una piscina enorme y limpia, bajo un techo alto y rodeada de columnas con blancas cortinas de lino.


Todo era hermoso a los ojos del pequeñín, y maravillado pensaba en que el pueblo había hecho un gran trabajo para darle un hogar especial a su dios y soberano. Sus ojos brillaban de emoción ante todo lo que veía.


En una de las grandes salas, la niña que estaba sentada rígida y en posición de estatua se quedó mirando al otro niño de los ojos brillantes. Había visto pocos niños de su edad, y a los poco que había visto siempre era en la lejanía.


Sabía que no debía abandonar su posición, y menos la sala en donde estaba; a los mayores no les gustaba verla por los pasillos ni accediendo a los lugares del Faraón. Ella trataba de cumplir siempre, pero a veces no podía evitar la curiosidad o la necesidad de salir corriendo. Como ahora. Quería levantarse e ir a mirar los ojos de ese otro niño. Le gustaba el brillo que tenían, como el de las  aguas del río en las horas de la tarde.


Sin saber como, se levantó y caminó hasta el borde de la sala; se mantuvo al amparo de una enorme columna; no saldría de la sala hacía el patio. Se mantendría cerca de su lugar, así podría volver sin problemas cuando se acercara su cuidadora. Lo observaría en silencio, miraría sus ojos sin que nadie se percatara.


El pequeño estaba extasiado con la piscina, para él era un pequeño río privado, muy limpio y sin corrientes, especial para el Faraón. Todo lo del Faraón era hermoso, porque era el señor de todos, hijo del Rey de los Dioses. Nada podía cambiar tan absoluta verdad.


En un momento determinado sintió sobre el la extraña sensación de ser acechado. Sí hubiese sido una persona mayor, el miedo se habría apoderado de su espíritu. Pero en la inocencia de la niñez, el pequeño buscó con curiosidad en las frescas sombras que lo rodeaban. No veía nada ni a nadie. Ni siquiera un pequeño animal. Pensó que quizás se trataba de algún espíritu o de la presencia de algún dios. Porque siendo esta como era la casa de uno de ellos, a lo mejor estarían de visita.


Ya no buscaría más... tenía que volver junto al hombre y las carretas, para volver a su aldea. Giró en redondo para volver por donde mismo había llegado, y fue cuando vio un hermoso par de ojitos negros, que lo miraban con mucha curiosidad. El pequeño se quedó hechizado pues esos ojitos brillaban con la fuerza de un espejo, eran hermosos. Más hermosos que la casa entera del Faraón.


Sin saber cómo, ni porqué, ambos niños se acercaron uno al otro como atraídos por una fuerza invisible. Estaban encandilados por sus ojos brillantes. Diferentes. terminaron cabeza con cabeza, eran de la misma estatura, uno delgado pero fuerte, la otra aparentaba saludable pero era frágil.


Se miraron a los ojos, y sintieron un reconocimiento mutuo. Sin poder evitarlo comenzaron a reír como los niños que eran. Un impulso los condujo a fundirse en un tierno abrazo. Sensaciones tan extrañas hicieron aparición en sus corazones. No entendieron nada de lo que pasaba. Querían quedarse juntos. No dejar de mirarse a los ojos. Continuaron de pie bajo una palmera, tomados de las manos, mirándose a los ojos.


El hombre se quedó mirando la pareja de niños bajo la palmera. Lagrimas salieron de sus ojos, se sintió desdichado por la desdicha ajena. Miró en derredor. No había nadie, por suerte. Tomó su muleta de oro y lapislázuli y lentamente se acercó a la parejita. Los niños ni notaron su llegada. El hombre soltó su muleta, y con el apoyo de la palmera puso sus manos frente a los ojos de cada niño. Su mano izquierda tapaba los ojos de la niña y su derecha los ojos del niño.


Ambos niños lloraron ante la irrupción de la oscuridad que les impidió la visión. Ninguno quería dejar de mirar al otro. Pero era necesario. No podían durar la eternidad mirándose. El hombre sabía que este no era su tiempo.


Aún con su mano tapando los ojos de la pequeña niña, tomó su muleta y fue alejándola del lugar donde el niño quedó llorando de manera desconsolada.


Unos minutos después un militar lo encontró en el mismo lugar, llorando ríos de lagrimas.  Tenía un rato buscándolo, y a pesar de que estaba en un lugar privado de la familia real, no pudo evitar sentir compasión del pequeño. Así que lo tomo en sus brazos y se lo entregó al preocupado hombre junto a las carretas.


Los días se sucedían uno tras otros... eran como una carrera interminable del día y la noche, de sol y la luna. Nunca más los ojos de los niños dejaron de derramar lagrimas, nunca más sus bocas se abrieron para comer alimento alguno.


El dolor se asentó en los corazones de los dos niños; solo respiraban pensando en el otro.


Sus cuerpo se fueron consumiendo lentamente... y en un momento dado ambos abrazaron la muerte con deseos, buscando en su abrigo la calma a su dolor.


Pero sus almas no subieron a la barca de la muerte... agarrados de las manos, entraron al vórtice de la vida y la reencarnación.


La señora del tiempo les susurró al oído: "Ahora no; aún no es su tiempo".


El hombre de la muleta, también abrazó a la muerte... aunque con más sorpresa que con resignación. La muerte tampoco lo subió a su barca, pues no era tampoco su tiempo. Un poco desorientado, el que en vida fue Faraón, decidió seguir a las pequeñas almas que agarradas de la mano esperaban su turno para volver a vivir otro ciclo.



Atentamente, La Autora.-




jueves, 9 de junio de 2016

CARTAS A MÍ AMOR: 1era. Carta




week 4 #2  Dramatic tension that breaks allows Nora to tell Toravald exactly how she feels and to see how Torvald will never see and treat nora with respect .: La vida es una constante cambiante, y en estos tiempos este cambio pasa con muchísima más velocidad que por ejemplo cuando estaba niña. Todos vivimos al ritmo que nos dictan los tiempos, con la misma rapidez y dejando de lado esos detalles que eran los que se constituían en recuerdos en épocas más tranquilas. 

En el amor y en las relaciones de pareja y de familia está ocurriendo lo mismo; la rapidez del mundo está condicionando la forma de interactuar en el núcleo interno de cada persona. Las conversaciones por mensajería instantánea, o las vídeo llamadas, han sustituido las relaciones directas, y hasta han suplantado las llamadas de telefónicas. 


Y los mortales nos estamos dejando llevar; no a la fuerza; nos estamos dejando llevar por placer. Seamos sinceros: es más fácil textear un "te quiero" a nuestros padres, que tomar un transporte e ir a su casa a decírselos frente a frente. Es increíble ver como en un grupo de cinco personas tres están pegados a sus teléfonos celulares, mientras los otros dos revisan sus laptos, cuando supuestamente habían quedado a toarse un café. 


Yo me horrorizo, pero he de confesar que un montón de veces estoy junto a mí familia sin estarlo, pues al mismo tiempo estoy pegada a la pantalla de mí celular enviándoles mensajes a mí novio. Es como sí estuviera a kilómetros de distancia de mí familia estando a solo dos pasos de uno de mis hermanos. 


Los mensajes de texto son rápidos, sencillos y relativamente económicos. Pero igualmente son muy impersonales. Podrás escribir un montón de "te amo", y nunca tendrán la fuerza de un sentimiento o de una palabra formulada por tus labios al oído del otro. 


Es posible, sin dudarlo, escribir un montón de cosas sin pensarlo, sin sentirlo; pero al menos cuando se habla algo te revela la veracidad o no de lo que te dicen. 


También los mensajes de texto tienen la cualidad de que no tiene que esperar tanto tiempo para recibir una respuesta. Un "hola" te lo responden en menos de una milésima de segundo; no te da ni tiempo de que te nazca una pequeña ansiedad. Ya no hay ilusión de esperar una respuesta. 


Por eso mí novio y yo hemos decidido escribirnos. No solo a diario por mensajes de texto. Nos vamos a escribir cartas en papel normal, que vamos a enviar por el correo tradicional.


handwritten letters and cards... still good things to write and create.: Porque, para sorpresa de muchos, el correo tradicional funciona perfectamente y cada día está más ágil. Resulta o se escucha un poco tonto, porque nos escribimos a diario, así que ¿qué podríamos decirnos en nuestras cartas?


En eso es que radicará el misterio, y la emoción. Nunca sabremos cuando nos han enviado una carta, ni que va a contener. Podría sí tratarse de solo una repetición de lo mismo que nos decimos por mensajes de texto, pero tiene la especial condición de que serán recuerdos más duraderos. Podremos mostrarlos a los hijos y nietos en un futuro que se antoja muy impersonal. 


Otro requisito en nuestro reto de intercambio de misivas, es que escribiremos con nuestro puño y letra. Es algo que hemos decidido de improviso. 

¿Qué podría yo escribir? Muchísimas cosas, pero todo dependerá de mí estado de ánimo y de la carta suya que yo haya recibido antes. 


Dentro de todo esto, lo importante siempre será el detalle. El objetivo es crear recuerdos, y la meta es forjar una historia entre los dos.


Atentamente, La Autora.-

miércoles, 9 de marzo de 2016

Flechazo...



poema de san valentín: lo nuestro es amor verdadero. con escenas de porno casero.:

        ... y entonces ocurrió que se miraron directamente a los ojos... ojos cafés buscaban dentro de unos ojos azules la respuesta a su desconcierto... tantas veces se habían visto... tantas veces habían hablado... pero solo justo ahora se notaban...


         - ¿Siempre estuviste aquí?- él le preguntó.
    - Siempre... aunque quizás no sintonizada contigo- le respondió ella sinceramente.
        - ¿Me acompañas a vivir el día de hoy, y todos los días de hoy a partir de ahora?-
         - Viviré el hoy contigo, el mañana no sé... deja que amanezca cada día... vivamos solo el hoy.


       Juntos caminaron por la senda de la playa tomados de las manos, apretando fuertemente el uno la mano de la otra... porque es que no siempre se tiene la suerte de encontrar el pozo de tú perdición en los ojos de otro ser...


Atentamente, La Autora.-






martes, 8 de diciembre de 2015

De Frente a la Fiera (Las Andanzas de Aysha)




"El destino, como la muerte, es inevitable... por más que se evite, por más que se intente escapar al final siempre lo encontramos de frente".



Anayra Pimentel Rosario
El Final


Las cosas para Aysha iban de bien en mejor, según los planes que ella se había trazado. Casi como de la nada había conseguido este segundo trabajo que encajaba muchísimo más en su futuro anhelado que simplemente trabajar esperando un poco de dinero al mes. No obstante, había algo que la atormentaba y que por más que quisiera exiliarlo en el fondo de sus pensamientos, siempre encontraba la manera de resurgir clavándole una espina en el corazón.


Aún no había llegado la oportunidad de tener un encuentro con su cliente estrella; según lo que le habían comentado Matias  y José, su jefe, el hombre en cuestión era bien ocupado; un hombre de negocios; negocios muy importantes y caudalosos. En un sentido, ella estaba excitada, emocionada por conocer a su cliente; por el otro, estaba algo asustada y temerosa. Y no se le podía culpar: sólo era una chica jugando a ganar contra el destino... sin experiencia previa.



Las dudas la asaltaban cada noche cuando se acostaba; su cerebro empezaba a trabajar a mil por horas, fogoneando su imaginación con toda suerte de futuros hipotéticos; su afición por los libros de narrativa fantástica en esos momentos se convertía en su mayor defecto y en el más grande aliado de su miedo. Se imaginaba enfrentada a un minotauro despiadado y hambriento que terminaba persiguiéndola por el Laberinto de Cnosos; o siendo la cena de un vampiro sediento de sangre fresca; en su interior sabía que la cosa no iba a pintar tan fantástica, y lo que más la aterrorizaba era termina en una mazmorra llena de cachivaches de tortura, siendo la esclava sexual de un sádico cruel. 



Le dolía cada paso que daba en pos de un futuro tan incierto, aunque también le gustaba; sentía que había nacido para eso: disfrutar de todos los placeres mundanos que se le podían ofrecer. Las últimas visitas que había dado a los salones de belleza y spa de lujo la tenían deslumbrada. Cada pocos minutos miraba sus manos y admiraba el trabajo casi orfebre que habían hecho unas jóvenes muy solicitas y educadas. Podía sonar como una chica frívola y sin sentido, pero esos lujos era lo que le quitaba el miedo ante el incierto porvenir que un día se iba a materializar ante ella. 



Aunque seguía asistiendo al trabajo como promotora turística en que trabajaba Matías, José el dueño le daba la mitad del día para que fuera a la clínica de dermatología a eliminar los rastros de una infancia sin muchos cuidados. Él quería poner ante su principal cliente un envoltorio casi perfecto, y ya lo estaba logrando. Aysha tenía un cuerpo delgado por naturaleza, aunque no terminaba de ser una belleza despampanante cautivaba con ese yo no qué que brotaba por sus ojos y su sonrisa.  



Cada día que pasaba, cada visita a un spa nuevo, cada reloj, cada pulsera, cada cartera, cada dólar que depositaba en su cuenta de banco, enterraba un poco más sus temores y su miedo, en un profundo abismo adormecido por la felicidad de lo vano. A medida que pasaba el tiempo, y luego de cambiarse a una lujosa villa a orillas del océano propiedad de su "dueño" como ella lo llamaba, los insomnios iban desapareciendo, y Aysha sumergida en enormes sabanas de lino de un blanco purisimo se abandonaba en los brazos de Morfeo con la confianza de un niño de pecho. 



Ya tenía más de dos meses desde que había hablado con José sobre este asunto, y un mes completo viviendo en la villa, cuando cierta noche Aysha se fue a la cama tan despreocupada como siempre. Esa día había recibido otro regalo de su "dueño", aunque esta vez la había dejado decepcionada ya que después de tantos regalos fastuosos, collares cuajados de diamantes, anillos que deslumbraban y estancias llenas de flores, le enviaba una simple cadena de oro con un dije redondo hecho de filigrana. Era un colgante precioso, de esos que te hacen pensar en elfos y en la Tierra Media de Tolkien. Después de sentirse decepcionada, amo su medallón y decidió no descolgarlo de su cuello nunca más. Pues se había ido a acostar con su medallón puesto y una bata blanca de algodón, algo cómodo. Se quedó dormida casi enseguida. 



No creía tener mucho rato dormida cuando presintió sobre ella esa fuerza; en su duerme vela sintió sobre ella una mirada, profunda, concentrada; un miedo atenazante asaltó su corazón y espabiló todo rastro de sueño; se removió en la cama incomoda por lo que ella creía el comienzo de un mal sueño y, decidida a abandonar la cama, se levantó...



Aysha se quedó de piedra a camino entre su cama y el suelo, el mar de sabanas blancas arremolinadas a su alrededor y el cabello despeinado sobre sus hombros y espalda... no sabía como reaccionar... no sabía sí gritar... no entendía porque su cuerpo y su cerebro no lograban conectarse en un movimiento, uno solo... simplemente se quedó así, sin moverse, cual estatua griega. Frente a ella, descansando en uno de los estantes de la cama, estaba un hombre: delgado, alto, de cabellos oscuros, y esos ojos: grandes y rasgados de color café fijos en ella. Tuvo una especie de dejavú y su memoria corrió a la noche en que visitó el muelle hacía como tres meses y ahí sí sintió miedo, el mismo miedo alarmante de esa noche... reaccionando de la misma manera: CORRIENDO. 



Corrió por todo el pasillo sin mirar para atrás; su mente estaba fija en la puerta de salida; se creía a salvo sí lograba alcanzar la garita de los vigilantes y alertarlos del intruso. Vio el cielo abierto cuando gritando logró que unos de los guardianes viniera a ella corriendo y la recibiera protector. Luego de que les contó lo que pasó, tres de los guardianes revisaron la casa, y volvieron alegando que dentro no había ningún intruso. Aysha pensó que tal vez el hombre se había escapado cuando ella corrió afuera. Pero igual hizo que uno de los guardianes fuera con ella hasta la casa, no quería volver sola pues aún tenía mucho miedo. Cuando entró a su habitación, no vió ni rastros del intruso y se tranquilizó. El guardián salió y cerró la puerta, y Aysha extrañada lo escuchó hablar en el pasillo. -Está un poco asustada, sidi- dijo el corpulento ex-militar, -No te preocupes, fue mí culpa... vuelve a tú trabajo... yo resuelvo esta situación- escuchó responder aterrorizada la joven. Miró para todos los lados buscando una vía de escape y no encontró ni una, a excepción del balcón que daba justamente al océano, pero ella no quería morir. Su corazón se hizo añicos en el suelo de mármol de la habitación cuando escuchó el clic de la puerta al abrirse y otro clic al volver a su sitio. Por entre sus cabellos, ya que tenía la cabeza gacha sobre el pecho, vio como una alta figura de acercaba a ella lentamente como cauteloso; sintió su respiración fuerte y varonil por encima de su cabeza cuando lo tuvo enfrente; Aysha no tenía fuerzas, estaba como obnubilada, no sabía que hacer, y la verdad era que sentía una especie de pesadez en el cuerpo que la inmovilizaba por completo. Sus fuerzas la abandonaron cuando sintió sobre sus hombres una manos grandes y fuertes. 





*     *       *




Aysha despertó adolorida, como sí hubiese corrido una carrera contrarreloj por su supervivencia; se desperezó todo lo que pudo en su mullido lecho, despidiendo el rastro de sueño que aún aguardaba en sus pupilas. Se decidió a levantarse, y darse una ducha fría. Casi se había olvidado de su experiencia de anoche, pero el hombre sentado en el taburete a los pies de su cama se lo recordó con solo una fiera mirada. "Pensé que había sido un mal sueño" murmuró Aysha casi para ella misma... "Pues no lo fue, mi bella huésped... yo no soy producto de una pesadilla pasajera... soy real... y te tengo aquí" le respondió el hombre con una voz profunda y ronca. 



Aysha pudo notar que el hombre en cuestión no era ningún intruso en la casa... en cambio era el "dueño"... y según sus palabras lo era de la casa y parece ser que de ella también. Ella volvió a sentarse en la cama, puesto que quería asimilar su raro encuentro con su "dueño"... cuando lo sintió rodearla con sus manos, creando con su cuerpo una especie de trampa a su alrededor, y agachándose hasta ella le murmuró en los oídos: "Espero que no estés pensando en escapar... anoche casi rodaste por las escaleras... y te quiero viva" y se levantó. Ya casi iba a salir de la habitación, cuando volteó por última vez, y le dijo un poco más alto:



-Por cierto, mi nombre es Hamad Al Shabrij, pero quiero que me digas habibe a partir de hoy- y cerrando delicadamente la puerta dejó a Aysha un tantito confundida y... excitada?



El futuro parecía estar alcanzándola, o ella al futuro... todo depende de quien tenga la carrera... Aysha tenía ante ella un peligro, unos ojos que la miraban como a una presa... y ella había aceptado gustosa ser su propiedad... pero ¿qué quería este hombre dueño de un poder tan subyugante?... ¿saldría Aysha bien librada de sus manos?... nadie sabe lo que ha de ser... solo los dioses, que aparentan jugar al azar con la vida de los mortales, saben del futuro, de los que nos va a tocar.



Aysha continuará su vida, viviendo mil aventuras, millones de sueños nacerán junto a ella. 






Recuerden: SEAN AGRADECIDOS!





  

miércoles, 18 de noviembre de 2015

MÍ CAMBIO (aventuras de Aysha Palak)


"La vida da muchas vueltas; hoy estás en aquel lugar y mañana no sabrás".


Anayra Pimentel
Escritora Dominicana


Eso lo tenía aprendido desde pequeña, lo que no creía era que algo así pudiera ocurrirme a mí, y menos que pudiera llegar a ser impactante o grandioso.


Antes de proseguir, cabe destacar la promesa que me hice un 03 de julio del 2015: CAMBIAR MÍ VIDA TOTALMENTE. Y me lance a lograrlo con los ojos cerrados al miedo sobre el futuro y los oídos tapados ante el qué dirán.


Salí de mí infierno... perdón... salí de mi pueblo con una maleta de ropa usada, una carpeta llena de copias de mi currículo vitae y la cabeza plagada de sueños y esperanzas.


Antes había conocido a Matias en un viaje a la capital del país; Matias era un treintiañero que vivía en una de las principales zonas turísticas del país en la  costa del Océano Atlántico, y él me había conseguido una entrevista de trabajo en la compañía turística en la que trabajaba; aunque no sabía sí iba a obtener el trabajo, ya había decidido quedarme.


Estaba dispuesta a todo con tal de cambiar, no me importaba si el cambio venía del buen camino o del malo, solo que viniera.


Así fue como llegué a Puerto Plata una tarde plomiza de Noviembre que anunciaba agua por todos lados. Gracias al Creador del Universo mi amigo me estaba esperando; según mis creencias todo marchaba bien.


Después de intercambiar saludos, abrazos, besos y manoseos fuimos a comer algo a un restaurante a la orilla del Océano que a mí me pareció un sueño; está demás decir que tome muchas fotografías con mi celular.


A esos de las ocho nos fuimos a su casa; desempaque, tomé un baño y tuve sexo con mi anfitrión... claro que sí! Eso procede ya que iba a estar en su casa casi de gratis hasta que tuviera trabajo... y bueno, mal que no estuvo!! Total, que ni soy santa y vine a lo que vine: a dar todo por el todo.


Al otro día era domingo, así que aprovechamos la mañana para tener sexo y que Matias me explicara bien los lineamientos de la compañía para que saliera bien en la entrevista y me dieran el trabajo. Ya en la tarde salimos a dar un paseo y... !Dios!!!


Todo para mí era hermoso, puesto que nada había visto o vivido. Caramba, nuevas experiencias, nuevos paisajes, nuevos sentimientos!


Por primera vez en mí vida estaba sintiendo la emoción de estar en este mundo; por increíble que parezca en mí cartera tenía menos de 200 dólares, pero mí corazón sentía como sí estuviera gastando miles; la euforia que sentí en ese momento y ante esos hermosos paisajes me hicieron dar gracias al Eterno por mi existir.


 *        *          *


Sucedió que al otro día, lunes, fui a la entrevista de trabajo y pese a que Matias me había dicho que podía ir informal, yo decidí ir con mi uniforme YaQui (Ya Quitatelo): falda plisada negra de pretina ancha muy cincuentera, y blusa verde jade de mangas tres cuartas, unos zapatos estilo de ante completaban el cuadro. Cuando llegamos a la compañía, el dueño, quien también hacía de encargado de recursos humanos, se quedó mirándome de arriba a abajo, y de abajo para arriba como sorprendido o espantado, qué sabia yo!!! Recuerdo que me saludó aún un poco fuera de base como decimos los dominicanos cuando alguien se queda sin palabras. Y, lo admito, yo estaba así como -y a este qué le dio?- y un poco insegura. Tantas cosas que pensé que ni sé cómo explicarme.


Bueno, para no volverles el cuento muy largo, el jefe después de hojear mi currículo me hizo dos o tres pregunta algo vagas y que nada tenían que ver con el puesto por el que estaba aplicando. Se levantó y me preguntó cuando yo quería empezar, y le respondí que enseguida. -Y no quieres un tiempito pa ti?- me preguntó muy cariñoso el tipo, por lo que me puse en alerta: para aprovechar lo que viniera y no para salir corriendo a un lugar seguro obvio.


La cosa fue que al final yo decidí empezar al otro día y usar lo que me restaba de ese para seguir conociendo los atractivos del pueblo, y porqué no decir la verdad? Dejándome ver por los turistas y empresarios locales a ver sí tenía la suerte de gustarle aunque fuera a uno. Ya en la tardecita, y como el apartamento de Matias no quedaba muy lejos, decidí dar un paseo por el muelle y ver por primera vez de cerca los yates, lanchas y pequeños barcos que lo atestaban. La madera se sentía húmeda y pegajosa a esas horas de la tarde en la planta de mis pies descalzos; el agua salada que me salpicaba en cada vaivén de las olas me tenía los pies incómodamente fríos, pero quería seguir mirando y curioseando por el muelle. No sé de dónde herede un instinto de supervivencia más contundente que el hambre, pero éste se alarmó como un reloj despertador en mi interior al percibir sobre mí la fijeza de una mirada. Con el miedo casi ahogándome, voltee hacía un enorme yate y ahí estaban: unos ojos grandes y rasgados de color café me miraban con la misma bestialidad que un tigre usa para acorralar a su presa. Retrocedí despacio y con precaución alejándome de esa persona que sentía peligrosa. Una cosa es que quisiera jugar con el peligro, pero consciente de con qué peligro me metía.



 *       *      *


Ya tenía unas tres semanas viviendo y trabajando en Puerto Plata... ese día era día de cobro (mí primer cobro en mí nueva vida), por lo que a eso de las 11 de la mañana pasé por la oficina del jefe a retirar mí cheque. Me quedé de piedra cuando vi mí primer pago: una suma de SEIS cifras!!! Mí primer pensamiento fue correr a cambiarlo de una vez, pero un remanente de honestidad incómoda apareció en mí y le hoce ver al jefe su posible error. Mí sorpresa fue mayor cuando él me dijo que no se había equivocado. Como no supe reaccionar a eso y me quedé como una estatua en frente de su escritorio, él se quedó mirándome fijamente, como sopesando algo; después de unos segundos se levantó de su asiento, rodeó su escritorio y abrazándome por los hombros me dijo al oído: -Eso es el adelanto de un trabajito que tengo para ti-; la que lo miró fijo al instante fui yo, y le pregunté de sopetón: -De qué trabajo se trata?-, mí jefe se puso a reír de buena gana y volviendo a su escritorio me dijo que no comiera ansias y que esperara su llamada. Así lo hice. Cambié mi cheque, le deposite una buena cantidad a mis padres, dejé algo en ahorros y me dediqué con el resto a resolver mis cuestiones personales. Casi una semana después recibí un mensaje de texto de mí jefe invitándome a comer. Cuando ya hubimos comido, él pasó a explicarme lo siguiente: ~Mira Aysha, la cuestión es la siguiente: yo además de la agencia de turismo y de buscar hoteles, experiencias y excursiones para los turistas, soy un buscador de mujeres y hombres para que trabajen como acompañantes de ciertos hombres, en algunos de los casos es solo tener un poco de sexo, en otros debes de estar con ellos todo el tiempo que duren sus vacaciones; tengo clientes con gustos muy variados desde los que desean solo menores, solo hombres, hasta los que quieren mujeres cojas, de todo! Algunos clientes son muy específicos en lo que desean, otros se conforman con un simple aproximado; pero tengo un cliente bastante exigente y el que en definitiva me ha dado las mayores ventajas en este negocio, por lo que entenderás que es al que más quiero agradar~ mientras él hablaba, yo iba asimilando y me iba gustando, pero necesitaba que me dijera en que punto entraba yo, así que se lo pregunté. Él sonrió satisfecho, no sé sí de mí o de él, o simplemente de la suerte de ambos, la cuestión fue que me dijo: ~el te quiere a ti-; -a ?- le dije; -si a ti, a ti muy en específico-; -como, acaso me conoce?-; - te ha visto; eres lo que él desea; solo depende de ti que él lo obtenga. Piénsalo, la cosa es buena. En ese asunto hay mucho dinero, para ti y para . Es más, creo que le llegaras a gustar un poco más de lo que ya te desea, no tendrás necesidad de dar un golpe más en vida de todo el dinero que se te pagará.



!Dinero!!!! !Dinero: vía de mi perdición!!!!!


Sin pensar mucho en otros efectos secundarios que podrían derivarse de mí decisión, antes de despedir nos a la salida del restaurante, ya le había dado una respuesta afirmativa.


Es increíble como decidí mi futuro en cinco minutos; como destruí la piedra de mí destino de nacimiento con un solo golpe; como CAMBIÉ mi cuarto de siglo con solo dos frases.



Pero, es el destino que elegí el mejor futuro qué podía tocarme e, pues no lo sé, todavía... te invito a seguir leyendo de mis andanzas para que sea tú quien decida sí es bueno o es malo.








                              ~Aysha Palak~


#BeGrateful