martes, 12 de enero de 2016

La Pesadilla que se Coló en Mis Sueños

07/Feb./2014

UN SUEÑO DE FEBRERO

Mientras hablábamos acerca de nuestras vidas, me dio por mirar hacia arriba. En seguida quise nunca haberlo hecho… el cielo estaba todo lleno de figuras negras que flotaban en el aire como jirones de tela liviana. A pesar de que no sabía lo que eran  mi corazón se encogió de sorpresa y mi columna vertebral envió a mis articulaciones la señal inequívoca del miedo.


Baje la mirada hacia él, que sonrió como si tal cosa… como sí lo que estuviera pasando no fuera algo anormal, sino un suceso que estaba previsto a ocurrir. Una especie de duda se apoderó de mi en ese preciso momento ¿estoy soñando? ¿Es esto realidad? ¿Debo correr? ¿Espero a despertar?


El miedo seguía atenazando mi cuerpo, y un frio glacial me recorría el cuerpo, yo lo miraba en busca de apoyo o de una explicación sobre esas formas que volaban en el cielo; pero nada. Él no decía nada. Entonces vi como una de esas cosas se desprendía del resto y bajaba en picada hacia mí, con una rapidez que rallaba en vertiginosa; muerta de terror quise gritar pero mi voz se quedó clavada en mi garganta y curiosamente mi subconsciente me hizo notar que tenía la boca seca, tan seca que resultaba doloroso tragar. Y tenía la necesidad de tragar, y tenía miedo, y quería gritar y no podía.


Lo mire a él y continuaba sonriendo como si tal cosa; fue cuando caí en la cuenta de que nunca lo había visto, de que no sabía quién era, y que tampoco recordaba como llegué a ese lugar… y que además, tampoco conocía ese lugar.


Sentí el vértigo bajar hasta mi estomago, al miedo atenazar cada musculo de mi cuerpo, la sequedad cortante de mi garganta y las uñas clavándose en las palmas de mis manos, mientras una fuerza sin presión me elevaba por los aires llevándome junto a las formas negras que aterrorizaban mi espíritu; no sé de donde saqué las fuerzas, pero le hice caso a mi subconsciente y miré a la cara al ser que me levaba por los aires… y aún ahora que lo escribo siento en mi pecho la pena, la profunda y milenaria pena que su rostro sin expresión ni rasgos faciales introdujo a través de mis pupilas y enfrió mi alma.


Las ganas de gritar se trocaron en ganas de llorar, de llorar todas las penas del mundo; y mientras el vértigo de ser impulsada por los aires me oprimía el cuerpo, fue entonces cuando sin darme cuenta como, desperté llorando, sudando y con sed en mi habitación. Ahora termino de escribir este sueño traumático y miro las palmas de mis manos, donde aún conservo las huellas de mis uñas, que se clavaron en mi piel como esa pena en mi alma.




BY: ANAYRA PIMENTEL ROSARIO